Comentario de textos

Texto de Rafael Alberti: Con él

Texto de Federico García Lorca: Romance de la pena negra (Versión diferente del modelo en el apartado teoría)

Texto de Amado Nervo: Sí, pobre viejecita

Texto de don Juan Manuel: Enxiemplo XLVI

Texto de Rafael Alberti

Con él

Si Garcilaso volviera,
Yo sería su escudero;
Que buen caballero era.
Mi traje de marinero
Se trocaría en guerrera
Ante el brillar de su acero;
Que buen caballero era.
¡Qué dulce oírle, guerrero,
al borde de su estribera!
En la mano, mi sombrero;
Que buen caballero era.

Vocabulario.- Cada uno deberá buscar las palabras que desconozca, o de las que el significado que conoce no coincide exactamente con el que tiene el texto.

Argumento.- El argumento es contar lo que nos dice el texto, sin ningún tipo de interpretación. Por lo tanto, lo único que tenemos que hacer es eliminar los detalles accesorios.

En este texto, podría ser: Serviría al poeta Garcilaso, porque era un buen caballero; ante él cambiaría mi traje de marinero por una guerrera; me quitaría el sombrero ante él cuando hablara.

Resumen.- Consiste en realizar el argumento de acuerdo con la intención del autor; por lo tanto, supone un comienzo de interpretación del texto.

En este texto, podría ser: Alberti se siente, como poeta, inferior a Garcilaso, quien además de poeta, fue un gran caballero1; le hubiera gustado ser un guerrero en lugar de un habitante de la orilla del mar, por la elegancia -el brillar de su acero–; por otro lado, su poesía es agradable. Por todo ello, siente un gran respeto por el autor renacentista.

Ideas principales.- A lo largo del texto, Alberti muestra 1) su admiración por Garcilaso, como caballero, como guerrero y como poeta; 2) su deseo de imitarle en la medida de lo posible, y 3) la importancia y conocimiento que tiene de la época de Garcilaso.

Tema.- El tema consiste en la integración de las ideas principales, una vez realizada la correspondiente generalización.

La generalización de la primera idea consiste en resaltar1 a Garcilaso como caballero; la segunda idea es la de imitar su poesía (de carácter culto, frente a la poesía popular de Cristóbal de Castillejo, Baltasar del Alcázar, etc., y la tercera, en relación con la segunda, es manifestar la cultura y conocimientos del autor (Alberti), al margen de la apariencia popular del poema.

Todo ello podría resumirse como la búsqueda de un segundo Renacimiento lírico en la poesía de Rafael Alberti, lo que constituiría el tema, de acuerdo con esta interpretación.

Estructura.- Desde el punto de vista formal, el texto se divide en tres estrofas que coinciden con la estructura del contenido.

La primera estrofa está constituida por un tercetillo. Si tenemos en cuenta que el terceto es una estrofa renacentista, podremos observar que hay una intencionalidad por parte del autor a ese respecto. Ha buscado una estrofa aparentemente popular (versos de arte menor) con una rima culta -consonante-, de modo que nos encontramos con una forma prerrenacentista; en consecuencia, la estrofa es inferior a lo que escribía Garcilaso, con lo que desde el punto de vista de la coherencia, la forma se une con el contenido (yo sería su escudero).

La segunda estrofa es una cuarteta (versos de arte menor, con rima consonante cruzada). En esta estrofa observamos que el primer verso analiza la realidad del autor en el presente, frente al deseo manifestado en el segundo verso; en el tercer verso vuelve a plantear la realidad, pero esta vez la de Garcilaso, frente al juicio u opinión manifestado en el cuarto verso. Vemos, por ello, que el autor ha planeado la estrofa desde el contenido teniendo en cuenta el tipo de rima que iba a utilizar.

La tercera estrofa es otra cuarteta, con el contenido idealizado. En el primer verso, aparece Garcilaso como poeta, frente al segundo en que aparece como guerrero. En el tercer verso, la postura de deferencia del autor respecto de Garcilaso, frente al cuarto verso, en el que repite su opinión sobre Garcilaso como caballero.

En el conjunto, podemos observar que el texto se compone de un tercetillo y dos cuartetas: una estrofa menos que el soneto. Ese terceto que se añade al soneto es el que contiene la conclusión, que en este poema aparece en forma de verso de vuelta (casi un estribillo: que buen caballero era).

Si analizamos el texto desde un punto de vista lógico, observaremos que lo primero que aparece es la conclusión: que buen caballero era. Y en las cuartetas aparecen los elementos que muestran al caballero: el guerrero (estrofa segunda) y el poeta (estrofa tercera). Por lo tanto, vemos que el razonamiento está invertido. Si damos la vuelta al poema, nos encontramos con la estructura básica del soneto: dos cuartetos y dos tercetos. Es decir, ha utilizado la estructura del soneto renacentista y ha jugado con ella para la composición del poema.

Coherencia.- Un texto es coherente cuando las unidades que lo componen muestran una relación de conexión y se da una relación de adecuación entre el texto y el contexto.

Para valorar la coherencia del texto nos basamos en cuatro reglas:

La repetición se muestra en el verso de vuelta de las tres estrofas. No debe ser considerado como anáfora, ya que se repite la frase entera. No debe ser considerado como estribillo, ya que es un verso aislado, que completa la idea manifestada en cada estrofa.

La progresión en el tema, que ya ha sido explicado con anterioridad. Desde la idea del caballero renacentista (primera estrofa), va llegando a cada uno de los elementos que componen el caballero de acuerdo con el ideal manifestado por Baltasar de Castiglione (guerrero, como se señala en la segunda estrofa, y poeta, como se indica en la última parte).

La no contradicción entre los elementos que lo componen se muestra en la aclaración dada con anterioridad en lo que se refiere a la estructura. Cada una de las estrofas manifiesta un concepto y se adecúa tanto en la rima como en la estructura con la idea que el autor quiere manifestar.

Finalmente, existe una relación entre los hechos a los que se refiere el texto (Garcilaso como caballero) y el mundo real (Garcilaso, como poeta y guerrero, por un lado; mientras que por otro Alberti vive en las proximidades del mar -Mi traje de marinero- y admira a Garcilaso, como todos los autores de la Generación del 27).

En consecuencia, vemos que el poema es un texto coherente.

Si tuviéramos que señalar un tipo de estructura concreto, tendríamos que indicar que se trata de un texto que desarrolla un concepto: el de caballero.

El género literario.- Dentro de la división tradicional de los géneros literarios, este texto habría que incluirlo claramente dentro de la lírica.
Se trata de un texto lírico porque

Predomina la expresión subjetiva (emociones y sentimientos del autor). Emoción ante la escucha de los poemas de Garcilaso; sentimiento de admiración por el poeta y su biografía, reflejada en el poema de una manera concisa.
Está escrito en verso (tres estrofas de versos octosilábicos, con rima consonante).
Trata de expresar el tema con belleza (función estética): el mismo hecho de estar en verso, la utilización de una forma diferente del lenguaje habitual, la presencia de figuras retóricas, lenguaje connotativo...

Análisis lingüístico

El texto, de vocabulario aparentemente fácil, supone por parte del autor un conocimiento que no tiene por qué tener cualquier lector. Sin embargo, teniendo en cuenta que el autor tiene estudios universitarios, debemos tener en cuenta que éstos quedan reflejados en el poema.

Por ello, ya desde el principio, hemos entendido que la palabra caballero no tiene el significado habitual, como queda demostrado en el desarrollo del concepto, sino el propio de Baltasar de Castiglione. Esto, además de la interpretación hecha, viene dado por la aparición de la palabra escudero, que lógicamente es el servidor de un caballero y que no puede tener otro significado.

La sustitución conceptual de traje de marinero por guerrera contiene algunas peculiaridades que debemos aclarar. Tierra adentro, el traje de marinero es un traje más o menos infantil con dedicación en particular a los chicos que hacen la Primera Comunión, y puede ser la primera impresión que nos dé. Sin embargo, debemos pensar que el autor es de Cádiz. Por lo tanto, hemos de suponer que el traje de marinero tiene otro concepto distinto: es simplemente la casaca de rayas blancas y azul marino. No es la idea de traje completo (pantalones incluidos) que podemos tener. Por ello, sí existe una relación directa entre el traje de marinero y la guerrera, con la diferencia fundamental de la forma y de la función de ambas prendas.

En la tercera estrofa nos encontramos con el adjetivo dulce referido no a la voz del personaje, sino al hecho de oír sus poemas, lo que supone que es la actitud del oyente frente a los textos, y por tanto algo plenamente subjetivo del autor y no necesariamente válido para los lectores del poema de Alberti. La palabra estribera responde a un léxico anticuado, equivalente a estribo; sin embargo, el hecho de que aparezca esta palabra no sólo responde a una necesidad de la rima, sino al deseo por parte del autor de autentificar su estado de ánimo en época pasada utilizando un vocabulario claro pero propio de la época.

En las tres estrofas, el verso de vuelta responde a un tipo de verso propio de la Edad Media y del primer Renacimiento literario español. Tipo de verso que se manifiesta en los romances, como en el caso de Que por mayo era, por mayo... Ya la propia sintaxis del verso nos sitúa en época anterior, como ocurre con la palabra estribera, lo que refuerza la idea expresada en el párrafo precedente.

Dentro de este aspecto lingüístico cabe destacar que en la primera estrofa, además de la conclusión, aparece la presentación (Si Garcilaso volviera, yo sería su escudero). En las otras dos estrofas, la presencia de los dos personajes se muestra simplemente por medio de los adjetivos posesivos, dos en cada uno de los casos, lo que demuestra el equilibrio impuesto por el autor a la estructura del poema.

Si tenemos en cuenta que el autor utiliza el verso de vuelta en las tres estrofas -valor de repetición, como elemento de coherencia-, podremos darnos cuenta de que en realidad incluye conceptualmente una estrofa de tres versos repetidos, estructura frecuente en los poemas de carácter popular de la Edad Media. En este sentido, no es tanto una figura retórica aislada como una estructura concreta del poema.

Métrica y retórica.- Aunque de alguna manera ya se han visto estos elementos en la parte precedente, hemos de señalar ahora algunas particularidades de las mismas.

En lo que se refiere a la métrica, ya hemos señalado el carácter popular de la medida de los versos, frente al carácter culto -y en ese sentido contradictorio- de la rima.

Por otro lado, en la rima llama la atención un hecho: todos los versos pares tienen la misma rima (como en el caso del romance, poema característicamente medieval), lo que nos puede llevar a plantear una estructura diferente del poema. Pero, además, ocurre que todos los versos impares tienen también la misma rima entre sí, de carácter consonante, y al mismo tiempo sólo diferente en la última letra (-era, -ero). Esta diferencia en la rima, que parece buscada, mantiene el contraste que existe entre el caballero y el escudero, por medio de una terminación masculina, enfrentada a otra femenina.

Pasando al aspecto retórico, podemos señalar el hecho de que en las dos primeras estrofas nos encontramos con un mismo estilo, mientras que en la tercera (frente a las acciones indicadas por la presencia de los verbos, incluso sustantivados -el brillar-) predomina la elipsis verbal, la falta de acción: ¡Qué dulce oírle, guerrero, al borde de su estribera! En la mano, mi sombrero... De ahí también que se pueda entender, a partir de esta elipsis, que se trata de la otra actividad de Garcilaso: la poesía.

1 El ideal del caballero renacentista es el que maneja indistintamente la pluma y la espada (B. De Castiglione), lo que en el caso de Garcilaso se muestra tanto en su obra -introductor del Renacimiento italiano en la lírica española– como en el hecho de morir en el asalto a la fortaleza de Metz (Francia) a las órdenes de Carlos I.

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Texto de Amado Nervo

Sí, pobre viejecita...

Sí, pobre viejecita, ¡ya ninguno te escucha!
Los fastidias a todos con tu buena memoria.
Tu lentitud es grande; su frivolidad, mucha…,
y te huyen porque siempre narras la misma historia.
Pero yo soy paciente, y sentado a tu puerta,
escucharé. No temas; puedes hablar tranquila,
mientras menea el viento las ramas de la huerta
y se muere a lo lejos un crepúsculo lila.
Déjalos que se vayan, en su atolondramiento,
a decir, ellos y ellas, palabras mentirosas,
y cuéntame, abuelita, tu mismo viejo cuento,
al compás de tus manos largas y sarmentosas.

Argumento: El poeta nos cuenta que a una vieja no le escucha nadie ya que cuenta siempre lo mismo, algo muy antiguo. Sien embargo, el poeta es paciente y está dispuesto a seguir escuchando.

Resumen: La viejecita que es protagonista del poema se ha convertido en un ser aislado, porque todos le rechazan, ya que cuenta siempre la misma vieja historia. En el atardecer de la vida, el poeta está dispuesto a seguirle escuchando, porque considera que es más auténtica la historia que ella cuenta que lo que los demás hacen o dicen, sin ninguna reflexión y sin experiencia.

Ideas principales:

Tema: La soledad de los viejos, debido a la prisa y superficialidad de las nuevas generaciones.

Cohesión textual: Podemos hablar de cohesión textual, porque:

Dado que se dan correctamente las cuatro reglas de la cohesión, diremos como consecuencia que el texto es coherente.

Aspectos estructurales: Además del hecho de que el poema se presente en tres estrofas, que ahora comentaremos, debemos tener en cuenta algunos aspectos que tienen que ver no sólo con la estructura formal, sino también con la del contenido.

Formalmente se trata de tres estrofas que mantienen la misma estructura: cuatro versos alejandrinos (de catorce sílabas) de rima consonante -lo que les hace similares a los tetrástrofos monorrimos del Mester de Clerecía medieval-, aunque se diferencia de dichos poemas medievales en que no es monorrimo, ya que tienen la rima cruzada, y por lo tanto se trata de serventesios alejandrinos. Este tipo de estrofas no se habían utilizado con anterioridad hasta el Modernismo, lo que nos muestra una de las influencias que sufrió el poeta hispanoamericano Amado Nervo.

La primera de las estrofas nos muestra a la protagonista -la viejecita- como una persona enfrentada a los demás: ninguno le escucha, los fastidias a todos... Por otro lado, en esta primera estrofa, el autor comienza como si se tratara de un diálogo entre el yo del poeta y el tú de la viejecita, en el que el diálogo ya hubiera comenzado con la protesta de la viejecita. Por ello, el poeta continúa con la afirmación: Sí. Y le explica con claridad cuáles son los motivos por los que la gente no hace caso de los ancianos: la buena memoria histórica, la lentitud en el hacer y en el hablar (pérdida de facultades), la repetición de lo mismo... Pero no toda la culpa es de la anciana: la gente en general es muy frívola, no tienen en cuenta que la vida es la sucesión de elementos de la historia de cada uno, buscan emociones nuevas, en lugar de basarse en la experiencia, no sólo propia, sino también ajena.

El trato que da el autor a la anciana también es algo que nos llama la atención, ya que por un lado existe conmiseración: pobre, pero por otro hay una nota de cariño: utiliza un diminutivo, viejecita, con valor afectivo, valor que se vuelve a mostrar en el tratamiento de tú, y no en de un respeto lejano como es el usted. En el mismo verso, la exclamación muestra la relativa sorpresa del autor ante el hecho de que la gente sea tan frívola, que no piense que a ellos y a ellas les ha de llegar la hora en que se les plantee la misma situación. Los tres versos siguientes son los que manifiestan la explicación de ese primer verso.

La segunda estrofa comienza con una conjunción adversativa, que opone el significado de la primera estrofa al de la segunda, y ello de dos maneras. La primera de ellas es porque el poeta se convierte en protagonista activo del diálogo: yo soy paciente, apareciendo, por una parte, como persona que habla (yo), y, por otra, como persona que escucha (escucharé). Y ese verbo viene acompañado de una actitud enfrentada con la de los demás, que es la segunda manera de oposición. No va a escuchar simplemente por educación, pero con prisa, escuchará sentado a tu puerta, es decir, yendo a verla, sin prisa, con paciencia. Por otro lado, en la misma estrofa nos señala la duración en la que el poeta va a escuchar (mientras menea...), y ésta va a ser mientras la naturaleza sigue su curso, mientras el viento menea (mueve con suavidad, con la misma lentitud con la que actúa y habla la anciana, y mientras quede vida. Nos encontramos con la vieja que está en el atardecer de su vida, en donde el día simboliza toda la vida, y el crepúsculo los últimos momentos. Por ello nos dice, con la misma claridad que en la primera estrofa, que le escuchará mientras a ella le quede vida (mientras se muere a lo lejos un crepúsculo lila). Con toda la paciencia y con todo el respeto que merece la anciana.

La tercera estrofa es la que sirve de unión a las dos anteriores, tratando de paliar el enfado de la anciana con la explicación de que son los demás quienes se lo pierden, porque viven de prisa, sin reflexión, y no con la verdad. Finaliza el poema con un detalle llamativo: la descripción de las manos, largas y sarmentosas, de la viejecita, lo que demuestra su trabajo a lo largo de los años. La descripción se fija en las manos, ya que no trata de describir a la mujer, sino el trabajo constante que ha realizado, teniendo en cuenta que nos encontramos ante una época en que la mujer trabajaba en casa, y que, probablemente, la zona del cuerpo en la que más se notaba su desgaste era en las manos.

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Federico García Lorca

Romance de la pena negra

Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
cuando por el monte oscuro
baja Soledad Montoya.
Cobre amarillo, su carne,
huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados sus pechos,
gimen canciones redondas.
Soledad: ¿por quién preguntas
sin compaña y a estas horas?
Pregunte por quien pregunte,
dime: ¿a ti qué se te importa?
Vengo a buscar lo que busco,
mi alegría y mi persona.
Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca,
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.
No me recuerdes el mar,
que la pena negra brota
en las tierras de aceituna
bajo el rumor de las hojas.
¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!
Lloras zumo de limón
agrio de espera y de boca.
¡Qué pena tan grande! Corro
mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba.
¡Qué pena! Me estoy poniendo
de azabache, carne y ropa.
¡Ay mis camisas de hilo!
¡Ay mis muslos de amapola!
Soledad: lava tu cuerpo
con agua de las alondras,
y deja tu corazón
en paz, Soledad Montoya.

Por abajo canta el río:
volante de cielo y hojas.
Con flores de calabaza,
la nueva luz se corona.
¡Oh pena de los gitanos!
Pena limpia y siempre sola.
¡Oh pena de cauce oculto
y madrugada remota!

Comenta el libro de Anaya de COU, acerca de este poema:

Lorca lo consideraba «lo más representativo» del Romancero gitano. Es, desde luego, la pieza clave del libro y uno de sus poemas de sentido más claro. Soledad Montoya representa el anhelo vehemente de realización personal (busca –dice– «mi alegría y mi persona»). Con ella dialoga un personaje que representa la voz de la «moderación», de los límites impuestos por la realidad o por las convenciones. Aquí late, pues, la tragedia de unas ansias vitales condenadas a la insatisfacción. Así proyecta Lorca ahora, en sus poemas, sus propias obsesiones. La descripción inicial es espléndida, y en todo el poema se mezclan metáforas audaces con expresiones directas, como es característico en Lorca.

El significado de ese mito es evidente: ilustra el tema del destino trágico que late en toda su obra. Las figuras que aparecen en el Romancero gitano son seres al margen de un mundo convencional y hostil, y –por eso– marcadas por la frustración o abocados a la muerte: Antoñito el Camborio, el «Emplazado», Juan Antonio el de Montilla, Soledad Montoya… En realidad, según Lorca, en el libro «hay un solo personaje real, que es la pena que se filtra».

Por todo el libro estallan unas tremendas ansias de vivir que topan contra la imposibilidad de vivir. Fácil es imaginar hasta qué punto ha proyectado Lorca sobre esos personajes sus propias obsesiones, su «sentimiento trágico de la vida».

Suele decirse que García Lorca es un poeta de bastante difícil interpretación por la cantidad de símbolos que en su obra aparecen. Si nos fijamos en algunas de sus obras más amplias –las de teatro, por ejemplo–, podemos observar que el caballo simboliza la muerte (véase en La casa de Bernarda Alba) o la pasión sexual (véase en Bodas de sangre), además de que en el comentario propuesto por usted se insinúa esto, basándose en el texto: caballo que se desboca / al fin encuentra la mar / y se lo tragan las olas, en donde la mar (femenino en lugares marítimos, pero masculino –el mar– tierra adentro) ha simbolizado la muerte desde los tiempos de Jorge Manrique: Nuestras vidas son los ríos / que van a dar a la mar, / que es el morir.

El nombre del personaje —Soledad— es también simbólico: Soledad, ¿por quién preguntas / sin compaña y a estas horas? Dado el carácter de García Lorca, su forma de vivir, parece más que probable que el nombre y el personaje puedan identificarse con el autor, tal como comenta (puede verse el mismo fenómeno en los personajes Martirio, Angustias, Dolores de La casa de Bernarda Alba, ya citada, o en Yerma de la obra del mismo nombre, Yerma).

El limón, el color amarillo que tiene dicho producto, representa la amargura, lo ácido de la vida, que físicamente queda reflejado no en arrugas…, sino en el color amarillo de su piel, como reflejo de la luna —también frecuente símbolo de la muerte en García Lorca—, que es quien reina en la noche, que representa a la muerte en la iconografía tradicional.

Por otro lado, Soledad Montoya, como personaje femenino es uno más entre los muchos utilizados por Lorca, quien en muchas de sus obras sólo incluye personajes de este género.

Si por un lado, vemos que Soledad es quien representa a Lorca, también podremos preguntarnos quién es el interlocutor. Y la respuesta es, quizá, que el propio autor, quien, a través del poema, realiza una reflexión en la que se autopregunta y por medio de Soledad Montoya se responde acerca de su situación.

Analicemos ahora cada una de las partes de que se compone el poema.

La descripción inicial (versos 1-8, como usted ya ha afirmado) nos señala el tiempo en el que se desarrolla la acción: Es poco antes del amanecer, ya que los gallos están cantando, en busca de la aurora. Por ello, el monte permanece oscuro (versos 1-3). A partir del verso 4º comienza a describir al personaje, por medio del nombre, simbólico como ya hemos dicho, y por medio de su físico (cobre amarillo, color próximo a la muerte, su carne huele a caballo y a sombra, si pensamos en caballo y sombra como dos elementos distintos, pensaremos que caballo hace referencia a una pasión sexual no satisfecha (debido al nombre: Soledad), mientras que sombra necesariamente debe atribuirse a la proximidad de la muerte. Si pensamos en los dos elementos como paralelos, deberemos pensar en la muerte. Yunques ahumados sus pechos, en donde el yunque a la par que algo fuerte es algo con lo que se trabaja. Por tanto, está aludiendo a la maternidad, pero el adjetivo ahumados da la impresión de que se refiere a algo ya totalmente usado, no nuevo, por lo que nos está dando a entender que es una persona ya no joven, en la que la maternidad ha podido ser reciente, porque gimen canciones redondas, es decir, continúan alimentando la alegría (canciones) de su existencia. El adjetivo redondas es una sinestesia, por la que el adjetivo que se atribuye a un sustantivo (canciones, en este caso) se corresponde realmente con otro (sus pechos). Pero la alegría que parece indicar la palabra canciones queda enturbiada por el significado del verbo: gimen, es decir, lloran. ¿Habla de la maternidad frustrada o habla de la muerte del niño que podía haber tenido? Mi interpretación es la primera, ya que el nombre del personaje así parece indicarlo.

Los versos 9-36 suponen una reflexión por parte del autor, pero hemos de seguirlo viendo como el personaje de Soledad Montoya y una Voz en plena noche. En los dos primeros versos (9-10) observamos la pregunta en la que se resumen los elementos de los versos 1-8. El tiempo, la noche, queda reflejado en la expresión a estas horas, como tiempo intempestivo, inadecuado para que ella vaya sola por el monte. La expresión —de carácter popular— sin compaña (en lugar de compañía) nos presenta junto con el apellido Montoya, típico entre los gitanos, una conversación entre dos personajes de idéntica extracción social. El hecho de que la llame por el nombre de pila —Soledad— parece indicarnos que entre ellos hay un conocimiento, una familiaridad, lo que también queda reflejado en el trato de tú, en lugar del usted, que correspondería a dos personas desconocidas.

En los versos 11-12, la respuesta inicial es desconsiderada, maleducada, incluso grosera. No tanto por decirle que no le importa, sino por el tono en que se lo dice: dime, ¿a ti qué se te importa?, donde el pronombre se no es usual en el castellano, sino que enfatiza la pregunta, que, en principio, es una respuesta al personaje Voz. Pero tras esa respuesta desconsiderada le da la verdadera respuesta –¿a quién, sino a ella misma?–: Vengo a buscar lo que busco, / mi alegría y mi persona. El verso 13º mantiene en cierto grado la inconsideración en la respuesta, pero bien entendido parece que la propia Soledad Montoya busca algo abstracto, algo que no se puede definir en palabras, aunque lo intenta en el verso siguiente: mi alegría y mi persona. Parece evidente que si busca su alegría es porque no la tiene, lo que nos demuestra que es un personaje triste, tal como veíamos en gime canciones redondas y justamente parece que al hablar de la tristeza de manera tan seguida, lo que nos quiere mostrar es que la causa de su tristeza es justamente esa maternidad frustrada.

Nos encontramos a principios del siglo XX y con un escritor educado en esa época. Tendríamos que pararnos a pensar cuál es la idea que se tiene entonces de la mujer. Supongo que no sólo en España, sino en toda la civilización occidental, aparece la mujer como símbolo de la maternidad y poco más. Si Soledad Montoya está frustrada por su falta de maternidad, está buscando a la persona que le pueda dar sentido a su vida, la que pueda hacer de ella una madre, la que le haga salir de ese estado de soledad, de aislamiento que se ha convertido en una parte de sí misma. Por ello, mi alegría y mi persona como objeto de su búsqueda es lo mismo.

En los versos 15-18, la Voz le habla personalmente, Soledad de mis pesares, identificando los pesares de la Voz con los pesares de Soledad Montoya, es decir, identificando los dos personajes en uno solo, o lo que es lo mismo, desdoblándose el autor en los dos personajes. Y sigue siendo un personaje angustiado, triste, de mis pesares. Y continúa con una metáfora, en la que tendremos que elegir cuál es el significado que se da a caballo. Puesto que el tema es la maternidad frustrada, parece indicar que se trata de esa pasión sexual de que hemos hablado al principio, pero que, desbocada o exagerada, se convierte en algo que nos lleva hacia la muerte: al fin encuentra la mar / y se lo tragan las olas. Es decir que el símbolo caballo, interpretado de cualquiera de las dos formas, acaba convirtiéndose en el símbolo de la muerte.

Especial importancia da el autor a los versos 19-22, ya que en ellos aparece el título del poema: la pena negra. De acuerdo con lo visto hasta ahora, la mar simboliza la muerte, con su género femenino, pero aquí mar ha cambiado de género: No me recuerdes el mar, por lo que no se trata del mismo símbolo. Lo podemos interpretar como la libertad, pero en un sentido diferente del que suele dársele. Puesto que el recuerdo del mar hace brotar la pena negra, habremos de pensar que esa libertad es en realidad una independencia respecto de los demás, independencia que le ha llevado a vivir en soledad, cuando ya no buscaba esa independencia. La expresión en las tierras de aceituna recuerda el lugar de nacimiento de García Lorca, Andalucía. Se consideraba Andalucía —en especial Jaén, y no Granada, provincia en la que nació Lorca— como una tierra fértil para la aceituna, por lo que quiero entender que en esta estrofa García Lorca habla de fertilidad, de maternidad, bajo el rumor de las hojas, es decir, cuando los olivos tienen hojas y por tanto aceitunas, el producto de la fertilidad. Pero esta última expresión, bajo el rumor de las hojas, indica también el hecho de estar tumbado bajo el olivo, y no vareando el árbol para obtener el fruto, en donde el rumor implica que hay una ligera brisa, y por tanto no el calor agobiante con el que se suele trabajar.

¿Qué es, pues, la pena negra? El recuerdo de una situación posible —tranquilidad, paz, reposo, compañía— que no se dio, y la pena negra es la independencia que lleva a la soledad, al aislamiento de los demás, a vivir amargada.

La Voz continúa señalando algo que parece no haber percibido hasta ahora Soledad Montoya: la pena no brota como recuerdo del mar, de la independencia, sino que la tiene, la lleva consigo, con o sin recuerdos. Y no es una pena que pueda soportar sola, es una pena que trasciende a los demás, que provoca en los demás lástima (¡Qué pena tan lastimosa!). A continuación nos habla de la amargura que conlleva esta pena (zumo de limón, comentado con anterioridad). Agrio de espera y de boca, en que se nos señala, por una parte, que Soledad ha esperado cambiar su situación, su soledad, su angustia, pero, por otro lado, no lo ha conseguido, ni siquiera físicamente, exteriormente, de boca.

En la estrofa siguiente, Soledad acepta que sí tiene la pena, la pena negra, y que es enorme, insoportable. Su casa se convierte en una cárcel, sin salida; la recorre deprisa y nada le recuerda otra cosa que su pena, por eso la recorre deprisa (Corro), sin ningún sentido (como una loca), tirada por el suelo por la desesperación (mis dos trenzas por el suelo), y manteniendo la interpretación inicial de la mujer a principios de siglo, los dos lugares donde parece estar mejor la mujer: de la cocina a la alcoba. Hay numerosos refranes en castellano que nos recuerdan este concepto, como la mujer y la sardina, en la cocina. Y respecto de la alcoba o dormitorio ya hemos hablado al señalar el concepto de que la mujer es símbolo de la maternidad.

Aquí Soledad utiliza 8 versos para su parlamento (27-34), lo que rompe con la estructura anterior del poema, debido a que ahora va a continuar con un monólogo, en el que vuelven a aparecer metáforas y símbolos. Comienza el verso 31º con el leit-motiv del poema: ¡Qué pena!, en el que la expresión es más de autocompasión que de énfasis. Esa situación que nos acaba de describir —el recorrido por la casa— le lleva a mancharse ropa y cuerpo de color negro, el color del azabache, y nos transporta una vez más en el poema al mundo de los colores simbólicos, en que el negro representa el luto, la muerte. Y termina el monólogo señalando los elementos más valiosos tanto de su ropa (camisas de hilo), como lo referido a su belleza corporal en relación con el sexo (muslos de amapola), en que además del lugar —los muslos— nos señala el color rojo de la amapola, y volvemos a ver un color que desde el siglo XVI ha representado el color de la pasión amorosa. Esos muslos de amapola, ahora manchados de negro, han perdido la pasión.

En los versos 35-38, el autor nos muestra algo que resulta, cuando menos, llamativo: ha sido la Voz quien ha comenzado el diálogo y es la Voz la que lo termina. El diálogo comienza y termina con el nombre de Soledad, y más aún: los ocho primeros versos son descriptivos, al igual que los ocho últimos. Parece claro que el autor ha querido darle al poema una estructura circular, empieza y termina en la misma forma. Quizá por el hecho de que Soledad Montoya se vea envuelta por todo ello, por el hecho de que Soledad no pueda salir de su situación. Ya ha pasado el tiempo en que esto podría haberse remediado.

En estos versos 35-38, la Voz utiliza la misma estructura circular: comienza y termina con el nombre del personaje, pero en medio le da una solución: lava tu cuerpo / con agua de las alondras, / y deja tu corazón / en paz. La primera parte (lava tu cuerpo) parece la consecuencia necesaria de lo que nos acaba de señalar: de azabache carne y ropa. Es decir, olvida lo pasado y remonta el vuelo2, vuelve a situarte como antes de encontrarte en esa situación. Pero, sobre todo, no ahondes en tu pena, deja tu corazón en paz. Si sigues dando vueltas a tu soledad, la angustia se hará cada vez mayor, parece decirle la Voz a Soledad.

En la descripción final, la naturaleza ha continuado su transcurso, y ya no aparece Soledad Montoya. La luz brilla, el río canta, los colores son alegres. El autor termina con un cambio respecto a la actitud anterior. Ya no se trata de una persona, sino de un grupo: los gitanos, que viven marginados frente al resto de la sociedad, pero no porque ellos rechacen a los demás, es una pena limpia, pero es la soledad, puesto que es una pena siempre sola, desconocida para los demás (de cauce oculto) y rechazo desde antiguo (madrugada remota).

Esta última descripción generaliza lo que hasta ahora se había quedado en un poema íntimo, por lo que parece que el autor, al igual que en el resto del libro Romancero gitano, se identifica con esa raza, con ese sector social, lo que le lleva a dedicar todo un libro y parte de otros a ese mundo marginal.

Para terminar con el comentario, señalar que la estructura métrica se corresponde con la forma Romance, que es un poema de carácter popular y tradicional, puesto que tiene su origen en la Edad Media.

2 La alondra es un ave que remonta el vuelo hasta muy arriba, como si fuera hasta el cielo, hasta la pureza del corazón. Quizá por eso el autor habla del agua de las alondras.

Principio de la página

Enxiemplo XLVI

De lo que aconteció a un mercader que fue a comprar sesos

Un día fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, estando muy sañudo por una cosa que le dijeron que quería facer sobre ello tan gran cosa y tan gran movimiento que siempre fincase por fazaña. Y cuando Patronio lo vio así sañudo tan rebatadamente, díjole:

–Señor conde, mucho querría que supiésedes lo que conteció a un mercader que fue un día a comprar sesos.

Y el conde le preguntó cómo fuera aquello.

–Señor conde Lucanor –dijo Patronio–, en una villa moraba un grande maestro que non había otro oficio nin otro menester sinon vender sesos, y aquel mercader de que vos fablé, por esto que oyó, fue un día a ver aquel maestro que vendía sesos y díjole que le vendiese un seso. E el maestro dijo que le placía, mas que le dijese de qué precio le quería, que según quisiese el seso así había de pagar el precio por él. Y díjole el mercader que quería seso de un maravedí; y el maestro tomó el maravedí y díjole: «Amigo, cuando alguno vos convidare, si non supiéredes los manjares que hubiéredes a comer, fartadvos bien del primero que vos trojieren». Y el mercader le dijo que le non había dado muy gran seso, y el maestro le dijo que le non diera precio porque le podiese dar gran seso. Entonce el mercader le dijo que le diese seso de una dobla, y diógela. Y el maestro le dijo que cuando fuese muy sañudo y quisiese facer alguna cosa muy arrebatadamente, que se non quejase nin arrebatase fasta que supiese toda la verdad. Y el mercader tuvo que, aprendiendo tales fabliellas, que podría perder cuantas doblas traía, y non quiso comprar más sesos; pero tuvo este seso en el su corazón. Y acaeció que el mercader fue sobre mar a una tierra muy lueñe, y cuando se fue dejó a su mujer en cinta, y el mercader moró andando en su mercadería tanto tiempo fasta que el su fijo que naciera, de que fincara su mujer en cinta, había más de veinte años, y la madre, porque non había otro fijo y tenía que su marido non era vivo, conhortábase con aquel fijo y amábalo como a fijo, y por el grande amor que había a su padre llamábalo marido, y comía siempre con ella y dormía con ella como cuando había un año o dos, y así pasaba su vida como muy buena mujer y con muy gran cuita porque non sabía nuevas de su marido. Y acaeció que el mercader libró toda su mercadería y tornó muy bien andante. Y el día que llegó al puerto de aquella villa do moraba non dijo nada a ninguno y fuese desconocidamente para su casa y escondióse en un lugar encubierto por ver lo que se facía en su casa. Y cuando fue contra la tarde, llegó el fijo de la buena mujer, y la buena madre preguntóle: «Di, marido, ¿dónde vienes?» Y el mercader que oyó a su mujer llamar marido a aquel mancebo, pesóle mucho, ca bien tuvo que era home con quien facía maldad y non que era casada, porque era el home tan mancebo, y quisiéralos matar luego; pero acordándose del seso que le costara una dobla non se arrebató. Y desque llegó la tarde, sentóse a comer, e desque el mercader los vio así estar, fue ya mucho más movido para los matar; pero por el seso que comprara non se arrebató. Mas cuando vino la noche y los vio echar en la cama, fízosele muy grave de sofrir, y enderezó a ellos para los matar, y yéndose muy sañudo, acordóse del seso que comprara y estuvo quedo; e ante que matase la lumbre, comenzó la madre a decir al fijo, llorando muy fuertemente: «¡Ay, marido y fijo!, dijéronme que ahora llegara una nave, que dicen que viene de aquella tierra do fue vuestro padre, y por amor de Dios id allá cras de mañana, y por ventura quiera Dios que sabremos algunas nuevas de él». E cuando el mercader aquello oyó y se acordó cómo dejara encinta a su mujer, entendió que aquel era su fijo, y así hobo gran placer. Otrosí agradeció mucho a Dios que los non mató como lo quisiera facer, donde fincara muy mal andante por tal ocasión, y tovo por bien empleada la dobla que dio por aquel seso de que se guardó, que se non arrebató por saña. E vos, señor conde Lucanor, comoquier que cuidades que es mengua sofrir esto que decides, esto sería verdad de que fuésedes cierto, conséjovos yo que por saña nin por rebato que vos non arrebatedes a facer ninguna cosa (ca pues esto non es cosa que se pierde por tiempo en vos sofrir, fasta que sepades la verdad), et non perdedes nada, y del rebatamiento podervos yades mucho aína arrepentir.

Y el conde tuvo éste por buen consejo, y fízolo así, y fallóse ende bien.

Y entendiendo don Juan que éste era buen ejemplo, fízolo escrebir en este libro, y fizo estos versos que dicen así:

Si con rebato gran cosa ficierdes,
ten que es a drecho si te arrepintierdes.

E la hystoria de este enxiemplo es esta que se sigue.

Actividades previas al comentario
Comentario de texto

Respecto de las actividades previas, las tres primeras están realizadas en las notas a pie de página. En cualquier caso, las respuestas deben ser variables, según los conocimientos de cada cual.

Otras actividades previas
La Edad Media (siglos XI–XIV)

Características Generales:

Las principales características de la Edad Media son:

  1. Unidad cultural cristiana, que se manifiesta:
    1. En la unidad de fe (época teocéntrica).
    2. En la unidad de lengua (el latín).
    3. En la unidad del Arte (el Gótico).
    4. En la unidad del método (didáctica).
  2. Sentido jerárquico según la línea Dios-Rey-Iglesia-Nobleza-Pueblo.
  3. Sentido feudal de la sociedad.
  4. Los géneros literarios se clasifican así:
    1. Iglesia: Literatura religioso-moral.
    2. Nobleza:
      1. Aristocracia guerrera: Gestas o Cantares Épicos.
      2. Cortesana y caballería: Novelas de aventuras y de amor.
      3. Burguesa: Poesía y Cuento satírico.
    3. Pueblo: Romances y Leyendas.
  5. La jerarquía eclesial era entonces: Dios Padre, Jesucristo, Pedro (Vicario), obispos, sacerdotes y religiosos (monjes), laicos.
  6. Tono popular en lo literario, es decir, tanto en la Épica como en la Lírica y en el Teatro medieval hay indicios de una génesis y lenguaje populares.
  7. Huida de la realidad cotidiana.
  8. Realismo, aun empleando un estilo sublime.
  9. Tendencia nacionalista y localista. En la Edad Media nacen las nuevas nacionalidades.
  10. Carácter anónimo o colectivista. La gran mayoría de las obras medievales son anónimas, tanto en la Literatura como en Arquitectura.
Los estratos sociales de la Edad Media son:

La burguesía, clase intermedia entre la nobleza y el pueblo, comienza a surgir al final de la Edad Media, y dará lugar a que pueda aparecer el Prerrenacimiento, y se dedicaba al comercio y a la industria. Sus características más sobresalientes son:

En el siglo XIV también está el Infante don Juan Manuel. Nieto de Fernando III el Santo y sobrino de Alfonso X el Sabio, nace en Escalona en 1282. De esmerada educación, participa activamente en la vida política de su tiempo. Es el autor en prosa más importante y original del siglo XIV. Aunque escribió un tratado de armas y crónicas históricas, su obra más representativa es El Conde Lucanor. Se trata de un conjunto de 51 cuentos que presentan un contenido didáctico y que están rematados por un pareado, a modo de moraleja final. Murió en Córdoba en 1348.

En don Juan Manuel se dan:

Su obra, Libro del Conde Lucanor y de Patronio su Consejero, está dividida en cinco partes, de las cuales la más famosa es la primera, que consta de 51 cuentos en que el Conde le plantea un problema a Patronio, y éste, por respuesta, narra un cuento en que ocurre algo semejante a lo del Conde. Al final aparece una moraleja, que señala la intención moral del libro. La obra está escrita en prosa, mientras que la moraleja, en verso.

Finalmente, respecto del género y subgénero literarios, hay que señalar que se trata de enxiemplos, a manera de cuentecillos, inspirados en las fábulas griegas y en los apólogos orientales. De ambos toma el carácter o la intención moral, tan característica de la Edad Media. Aun cuando las características de la fábula no se dan propiamente en esta obra, la intención y algunos de los argumentos sí están sacados de ellas. Respecto de los apólogos, extrae la forma en la parte media del enxiemplo, algunos de los argumentos y, naturalmente, la intención.

El comentario de texto

Aplicación de lo anterior

Respecto de las características generales de la Edad Media, podemos señalar lo siguiente:

La unidad cultural cristiana se manifiesta en la unidad de la fe (en la desgracia, recuerda a Dios, como en y por amor de Dios id allá cras de mañana, y por ventura quiera Dios que sabremos algunas nuevas de él), en la unidad de la lengua (permanecen las palabras del latín en algunos casos, pese a que poco antes Alfonso X había proclamado el castellano como lengua oficial de su reino; es el caso de cras, las formas verbales ficierdes, cuidades…, formas sintácticas como se non arrebató, palabras similares a las latinas, etc.), en la unidad del método (bastaría como ejemplo de la intención de enseñar la moraleja en verso).

La segunda aparece en la propia relación entre el conde Lucanor y su consejero Patronio, mientras que la tercera característica no quedan manifiestas en el texto. Sin embargo, en lo que se refiere a la cuarta, podemos observar que don Juan Manuel no pertenece al pueblo ni a la Iglesia, sino que se encuentra dentro de la aristocracia cortesana: cuentos (no novelas) de aventuras.

Del mismo modo, hemos de señalar que la quinta característica no queda manifiesta; mientras que la sexta aparece tanto en la sintaxis y expresiones de carácter general que se han señalado como ejemplos al hablar de la primera, como en la presencia de un personaje –el mercader, de origen burgués, aunque procedente del pueblo–, y las referencias monetarias (maravedí, dobla). La huida de la realidad cotidiana se manifiesta al menos en el hecho de que los celos del mercader al cabo de veinte años y la memoria del consejo (seso) desde hace tanto tiempo resulta inverosímil; por otro lado, en cuanto al lugar se nos habla de una tierra muy lueñe. El realismo se produce en la reacción, aunque no en la ejecución de los sentimientos del mercader. No se manifiesta la novena característica, mientras que la décima no se cumple, puesto que don Juan Manuel busca el ser conocido y el que intente que cada una de sus obras fuera reproducida personalmente por él.

De lo dicho anteriormente, podemos comprobar que realmente a don Juan Manuel le preocupaba el estilo, puesto que prefiere emplear su tiempo en que no haya errores de transcripción que en escribir más cantidad. Su prosa es sencilla, clara y sobria, teniendo en cuenta que el lenguaje es el propio de la época, y que apenas existen palabras o expresiones que en su momento no se entendieran. Abundan las conjunciones copulativas (casi todas las oraciones comienzan con una de ellas), que en esta versión están actualizadas (y) en lugar de la forma latina original (et). El orden sintáctico corresponde, en general, al castellano, aunque aún quedan restos de latinismos sintácticos.

La función literaria del autor es la misma que la de la época, como ya se ha dicho anteriormente: la función didáctica, por un lado, ya que el autor trata de enseñar, como en el apólogo original, una actitud ante la vida, ante los hechos que pueden parecer contrarios a nosotros como sujetos; por ello mismo, esta intención didáctica se convierte en una finalidad moral, como lo muestra la propia moraleja o conclusión.

¿Qué nos cuenta el texto? Junto a la estructura repetitiva de todos los cuentos, lo que realmente nos cuenta es, simplemente, que un mercader, recién casado y dejando a su mujer embarazada, debe marcharse durante varios años por razón de trabajo, tras haber comprado un consejo: no enfadarse ante ningún hecho hasta conocer la verdad completa. Cuando vuelve cree que su mujer vive en pecado con un mancebo, y, recordando el consejo comprado, espera antes de vengarse; cuando descubre toda la verdad, resulta que el mancebo es su propio hijo.

El autor nos cuenta los hechos dentro de la estructura global de la obra, común a todos los cuentos de don Juan Manuel. Puesto que la estructura la veremos después, vamos a analizar únicamente el núcleo de la narración.

Patronio se convierte en un narrador en tercera persona, omnisciente, puesto que conoce todos los detalles relacionados con el suceso que se cuenta y con la manera de pensar del mercader y de los demás personajes, como se muestra en las expresiones siguientes:

Los personajes son realistas, es decir, pueden realmente existir y actuar como lo hacen en la obra. Los celos del marido, la soledad de la mujer, superada por medio del hijo; el cotilleo en la villa (… dijéronme que ahora llegara una nave …). El transcurso del tiempo y de lugar de los personajes, etc., son actitudes absolutamente normales. Al cambiar de tiempo y de lugar, los personajes evolucionan y el autor es consciente de ello (y dormía con ella, como cuando había un año o dos).

Por otro lado, la presentación es muy tradicional:

Se trata, por lo tanto, de una estructura circular: se inicia y acaba de la misma manera.

La estructura general del cuento –ya se ha dicho anteriormente– es común a los 51 enxiemplos: a) el conde plantea un problema, b) Patronio asemeja el problema a un apólogo o a una fábula, c) el conde pregunta cómo es dicha fábula o apólogo, d) Patronio cuenta el caso y finalmente aconseja al conde que actúe como el protagonista, e) el conde actúa así y le va bien, f) don Juan Manuel ve que es algo positivo, en cuanto didáctico, lo escribe y compone un pareado a modo de moraleja, y g) se introduce el siguiente enxiemplo.

En el apartado anterior solo se había analizado la primera parte del apartado d), que es lo diferencial respecto de los demás enxiemplos.

Existen numerosos elementos lingüísticos que diferencian este texto de la forma actual de escribir o de hablar, pero la mayoría de ellos son característicos de la Edad Media, y, por lo tanto, no son diferenciales para los primeros receptores.

Sin embargo, sí encontramos algunos; por ejemplo:

Relación entre forma y contenido

De lo visto anteriormente en relación con la forma, observamos que hay una relativa escasez de figuras literarias o retóricas. El autor se preocupa de la forma -cierto-, pero su preocupación es sobre todo la de transmitir un contenido. Existe, por lo tanto, una clara intención estética (don Juan Manuel pretende crear un texto literario), al tiempo que predomina la intención moral o didáctica, por medio de la cual el autor pretende que el lector, como ocurre con el conde Lucanor, tome ejemplo de la situación del personaje predominante de la narración y actúe de la misma manera: esperando a conocer toda la verdad antes de tomar ninguna determinación que le pueda llevar a cometer una equivocación irreparable.

Con el fin de que el lector siga la narración de manera clara, el texto ha de ser necesariamente breve, sin perderse en disquisiciones que puedan distraer su atención. El texto ha de estar en prosa (siguiendo la tradición del apólogo) y no en verso (siguiendo la forma de las fábulas), puesto que el verso distrae más por la forma que la prosa, además de que los personajes son humanos y no de tipo animal como en la fábula.

Por ello, habremos de concluir que desde el punto de vista de la intención y desde el punto de vista de los personajes, el texto se adecúa formalmente tal y como lo establece el autor.

Recordemos, por último, que el verso se utiliza fundamentalmente para expresar los sentimientos –individuales o colectivos– del autor, de una clase social, etc. Y que éste no es el caso, por lo que no tendría sentido que el texto estuviera escrito en verso.

Conclusiones

Las conclusiones son algo totalmente personal, por lo que las que se establecen a continuación no son sino algunas entre las muchas posibles:

Los personajes pertenecen al mundo real que vivía el autor.

El consejero, Patronio, es un hombre culto, mientras el conde es un hombre que vive la realidad, pero parece que le falta ese sentido común que tiene Patronio.

El ejemplo está extraído de la tradición oriental. El autor no inventa argumentos, sino que recopila lo ya existente.

El autor se dirige a un público semi–culto, con unos consejos que no dejan de ser válidos para cualquier lector.

La simple lectura del texto, sin un análisis más detallado, no permiten situarnos en el puesto del autor, por lo que la intención queda bastante oscurecida.

Podemos establecer una diferencia básica entre el antes de comentar y el después del comentario: al principio sabemos qué dice y cuál es su conclusión; después sabemos qué quiere decir y cómo lo podemos aplicar a nuestro caso concreto.