La lengua como sistema. La lingüística

Lenguaje y lengua

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Son dos nociones que debemos distinguir claramente.

Lenguaje es la capacidad que toda persona tiene de comunicarse con las demás personas, mediante signos orales (y, si su desarrollo cultural lo permite, también escritos). Se trata, pues, de una facultad humana, independientemente de que, al hablar, emplee una lengua u otra (español, inglés, chino...).

No digamos, pues, «lenguaje español», «lenguaje inglés», etc. El término lenguaje debe emplearse sólo en la acepción precisa que hemos definido.

El lenguaje presenta manifestaciones distintas en las diversas comunidades que existen en la Tierra; cada una de esas manifestaciones recibe el nombre de lengua o idioma. Lenguas o idiomas son, por tanto, el español, el inglés, el chino, etc. En España existen cuatro lenguas o idiomas: el castellano (que, por ser la lengua oficial común a toda la nación, se denomina también español), el catalán, el gallego, el gallego y el vascuence o euskera, que son oficiales en sus respectivos territorios.

Esta definición de lengua corresponde al sentido que se le da ordinariamente. En Lingüística, ese término tiene un significado mucho más preciso, que estudiaremos enseguida.

El signo lingüístico

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Es signo cualquier cosa perceptible por los sentidos (principalmente, por la vista y por el oído) que empleamos para representar otra cosa. Son signos, por ejemplo, una fotografía (que representa o está en lugar de la persona, el edificio o el paisaje retratados); los discos del semáforo (que representan la orden de pasar, detenerse o prepararse para detenerse); los aplausos o los silbidos del público (que representan su agrado o su disconformidad con lo que ve u oye), etc.

Las palabras son también signos. Si decimos o leemos caballo, esta palabra representa al animal, y podemos emplearla para representarlo lingüísticamente. Está en lugar de él, cuando nos referimos al caballo.

Significante y significado

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Todo signo se compone de significante y de significado. El significante es lo que se ve o se oye (como la fotografía, el color del semáforo, los aplausos o los silbidos); y el significado, lo representado por el signo (la persona retratada; la instrucción de pasar o detenerse; la complacencia o el disgusto).

El significante de un signo lingüístico está constituido por la sucesión inmu de los fonemas que lo componen. Así, el significante de caballo está formado por la sucesión de los fonemas /k-a-b-á- -o/ (o de las letras c-a-b-a-ll-o, si empleamos el lenguaje escrito).

El orden de esos fonemas o de esas letras no puede cambiarse (es inmutable).

El significado del signo lingüístico es aquello que se evoca en nuestra mente (el concepto) cuando oímos o leemos ese signo. En el caso del signo caballo, su significado es el concepto correspondiente al animal así denominado.

El significante y el significado están indisolublemente unidos. Y su asociación es arbitraria. Quiere esto decir que nada hay en el significante caballo que le obligue a significar 'caballo'. En otras lenguas, el significado 'caballo' se representa con significantes diversos: cheval, en francés; horse, en inglés; Pferd, en alemán, etc.

Signos mínimos: los monemas

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¿Cuál es el signo mínimo que puede analizarse en una lengua? Evidentemente, no es el fonema, ya que carece de significado: nada significan i, p, d... Los fonemas son unidades lingüísticas (fónicas), sirven para formar los signos, pero no son signos lingüísticos.

Por la misma razón, tampoco son signos las sílabas, ya que, como tales, nada significan; obsérvese esa falta de significado en las sílabas que componen las palabras be-tún, a-re-na, pe-li-gro, etc. Son también unidades (fónicos), no signos.

Las palabras sí son signos lingüísticos, porque constan de significante y significado. Muchas palabras son signos mínimos (esto es, monemas), porque no pueden descomponerse en otros signos más pequeños que tengan significación. Así ocurre con las palabras pan, betún, arena, peligro, cocodrilo, etc.

Pero otras palabras sí pueden descomponerse en piezas dotadas de significado, esto es, constan de dos o más monemas. Así, intocable admite el siguiente análisis:

Monema es el signo lingüístico mínimo, dotado, por tanto, de significante y significado. Puede ser parte de una palabra (in-toc-able), o constituir una palabra entera, cuando ésta no puede descomponerse (cocodrilo).

Los monemas se dividen en lexemas y en morfemas.

Código lingüístico

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Para que pueda establecerse una comunicación, hace falta un código.

Código es un conjunto de signos y de reglas que permiten combinarlos e interpretarlos, porque los conocen el emisor y el receptor.

Toda lengua es un código constituido por signos lingüísticos (monemas, palabras) y por reglas gramaticales, cuyo conocimiento comparten los hablantes y los oyentes. Cuando un hablante se dirige a un oyente, elige en el código los signos que precisa, los combina de acuerdo con las reglas gramaticales que ha ido aprendiendo al aprender a hablar (y aun sin estudiar gramática), y emite o cifra un mensaje. El oyente, a su vez, conocedor de aquellos signos y de aquella gramática, entiende o descifra dicho mensaje.

El código constituye un sistema

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Los signos y las reglas que forman el código no están desordenados, ni se agrupan por puro azar, sino que se relacionan entre sí sistemáticamente. Sistema es un conjunto de cosas que dependen las unas de las otras. En este sentido, hablamos, por ejemplo, del sistema solar.

En toda lengua los signos se relacionan entre sí (y también los fonemas). Así, la palabra tibio adquiere su significado porque se opone a caliente y a frío. La forma verbal saltaba significa «imperfecto de indicativo», porque la desinencia -aba se opone a las desinencias -a, -o, -ará, etc.

El fonema /i/ se opone al fonema /o/, y gracias a eso podemos diferenciar los significados de mira y mora.

Podemos, pues, hablar del sistema fonológico, del sistema morfológico, del sistema léxico y del sistema sintáctico de una lengua. Y esos sistemas se escen porque los signos (y también los fonemas) se oponen unos a otros, constituyendo el sistema general de la lengua.

El sistema se compone de subsistemas

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Dentro de un sistema, por ejemplo el morfológico, los signos o elementos se ordenan en subsistemas. Así podemos hablar del subsistema morfológico del número, constituido por el signo cero (Æ ) para el singular (mano, reloj), que se opone a los signos -s (manos) y -es (relojes).

Del sistema fonológico hablaremos más adelante.

El sistema léxico está constituido por las palabras. Las cuales se organizan también en subsistemas, como los constituidos por los nombres de los días de la semana, los de los meses del año, los de parentesco, prendas de vestir, flores, peces, etc.

Sistemas abiertos y cerrados

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El sistema fonológico es cerrado. Queremos decir con ello que ningún otro fonema puede ser introducido en una lengua, cuando ya está constituida. No podemos imaginar, por ejemplo, que el subsistema vocálico pudiera acoger una nueva vocal (y hay lenguas que tienen muchas más que el castellano).

Ocurre igual con el sistema morfológico: no es imaginable la introducción de otro signo para expresar el singular o el plural; o en el subsistema de las terminaciones de infinitivo. También el sistema morfológico es cerrado.

En cambio, en el sistema léxico hay subsistemas abiertos. Por supuesto, los hay también cerrados, como el ya mencionado de los días de la semana (porque no «cabe» un día de la semana más).

Pero son abiertos otros muchos: el de las prendas de vestir (es frecuente la aparición de nuevas prendas con sus nuevos nombres), el de los vehículos, el de los electrodomésticos, etc: acogen vocablos que no existían antes, y otros desaparecen. Son, pues, subsistemas léxicos abiertos.

Lengua y habla

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Son dos conceptos distintos, que debemos fijar con exactitud.

La lengua (una lengua cualquiera, como el español) es, según acabamos de ver, un sistema de signos que los hablantes aprenden y retienen en su memoria. Se trata de un código que conoce cada hablante-oyente, para usarlo cuando lo necesita. Ese código, conocido y respetado por cuantos hablan una lengua, permite cifrar y descifrar mensajes.

El acto singular por el cual un hablante cifra un mensaje concreto, extrayendo del código los signos y reglas que necesita en aquel momento, se denomina habla.

Y así, frente a la lengua, que es inmaterial (se aloja en la memoria), el habla es material (puede oírse o leerse). Frente a la lengua, que es social (está a disposición de todos los hablantes), el habla es individual (consiste en el empleo que hace de la lengua un hablante particular, en un momento dado).

La Lingüística

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La Lingüística o Ciencia del Lenguaje se plantea diversos objetivos, en función de lo que llevamos dicho, y recibe diversos nombres:

Lingüística general. Estudia el lenguaje como facultad humana, y los rasgos que son más o menos comunes a todas las lenguas.

Gramática. Su objetivo es una lengua concreta (como el español), y trata de describir su sistema en un momento dado (el actual, por ejemplo). Se denomina también Gramática sincrónica.

Gramática histórica o diacrónica. Se ocupa de la evolución de una lengua (de cómo se pasó, por ejemplo, del latín al castellano, y de cómo éste ha ido evolucionando con el transcurso del tiempo).

Fonología. Sólo pone su atención en los fonemas, en un momento dado (Fonología sincrónica) o en el curso del tiempo (Fonología diacrónica).

La Lingüística del habla atiende al modo de utilizar su idioma un determinado usuario; sólo tiene interés cuando éste es de relevante calidad (un gran escritor, por ejemplo); y en tal caso suele llamarse Estilística.

También pueden estudiarse, comparándolas entre sí (Gramática comparada) las evoluciones respectivas de las lenguas que constituyen una determinada familia. Es lo que hacen la Lingüística indoeuropea (latín, griego, lenguas eslavas, germánicas, etc.), la Lingüística románica (idiomas derivados del latín: español, francés, italiano, gallego, portugués, catalán, rumano...), etc.

Otras direcciones de la Lingüística estudian: el reparto de lenguas y dialectos por un territorio, y sus variedades e influjos mutuos (Geografía lingüística y Dialectología); la influencia del espíritu de los hablantes en la constitución y empleo de su idioma (Psicolingüística); la influencia de las circunstancias sociales, económicas, políticas, etc., sobre una lengua (Sociolingüística).

La comparación entre las afinidades y diferencias que presentan dos lenguas (el español y el inglés, por ejemplo), con vistas, sobre todo, a enseñarlas mejor, se denomina Lingüística contrastiva.

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