La carta

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La carta es un medio de comunicación escrita por el que un emisor transmite a un receptor, generalmente individual y lejano, un mensaje.

Pretende transmitir un mensaje, algo nuevo, al destinatario.

Por su finalidad, podemos distinguir varias clases de cartas, de las que destacamos:

La carta literaria

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Biarritz, 9 febrero 39.

Mi querido Sebastián: en tus tarjetas, no muy frecuentes ni copiosas, a decir verdad, y de manuscrito cada vez más diminuto y sórdido –síntoma de presbicia aumentativa–, me reprochas que en las últimas mías figura siempre la palabra «escribo», y esto, no obstante, pasa el tiempo y no cumplo la promesa. Pero debes fijarte –y disimula la advertencia gramatical– que no he empleado ese verbo en futuro personal («Te escribiré», lo cual implicaría una promesa o compromiso), sino en presente actual, que significa, estoy escribiendo constantemente, o bien, no ceso de escribir. Como así es, mal que me pese. No sé cómo me las arreglo, pero no hallo hueco ni coyuntura por donde dar salida a las efusiones epistolares hacia las personas más queridas, entre escribir, para lectores innominados, incógnitos y quizá indiferentes, leer, cavilar y estudiar. Sí, estudiar también, aunque no en la medida de mi apetencia. Desearía rehacer mi instrucción primaria, que, entre españoles, es tan deficiente, y de aquí la maravillosa suficiencia con que solemos producirnos los españoles. Catón, el antiguo, comenzó a formar su cultura a los sesenta años de su edad. Nunca es tarde si la cultura es buena. Siempre ha habido en mí –se me figura– ciertos gérmenes larvados, pero vehementes, de catonismo. Temo que esa tendencia no se consolide, o, cuando menos, que se atenúe y acaso se estrague a causa de mi veneración a Baco destilado, mi adhesión al tabaco sustantífico y mi flaqueza por la buena cocina junto con otras caprichosidades suntuarias o fútiles. Ello es que durante el plazo, ya nada corto, de nuestra vida, la estructura del mundo, que imaginábamos ajustada de una manera relativamente estable, ha caído en ruina total por dos veces, y hubimos, o habemos, de elevar un edificio inédito sobre escombros. Estas empresas de la arquitectura de la conciencia (sobre el cimiento de una conciencia desolada) son bastante más difíciles y dolorosas que las reconstrucciones de albañilería en la arquitectura urbana. Sobre el terreno primitivo de nuestra alma, tal como se hallaba ya establecido y cultivado, con esperanzas de rendimiento fecundo, en nuestra juventud, se han derramado y adensado dos nuevos terrenos advenedizos; uno de aluvión –la guerra europea y la posguerra–, y otro la lava volcánica –nuestra revolución y guerra civil–. Para reconocernos, tales cual fuimos no hace mucho, es menester llevar a cabo excavaciones psíquicas casi arqueológicas. Destino semejante al de nuestra generación no creo que se haya dado jamás en el mundo. Te hablo en alegoría, porque es la forma más sintética y sugestiva.

Para organizar, dentro de la propia conciencia intelectual, y solevar en sus hombros la pesadumbre de este nuevo mundo, todavía incierto e informe, se necesita la concentración y las fuerzas espirituales de un Atlante, cuyas sólidas piernas, en que apoyarse, no pueden ser sino la Soledad y el Tiempo. No te extrañe, pues, mi retiro ni mí silencio. Antes bien, todo me va siendo extraño, si no es mi deseo de conciencia clara.

No te quejarás de mí,
ya que sabes el por qué,
pues si gran tiempo callé
mayor carta te escribí.

Te incluyo un artículo, de los de la Prensa. Para mí, la colaboración periodística es un coloquio con unos pocos amigos, capaces de entenderse mutuamente. Mantendría esta comunicación constante con vosotros si tuviera un secretario que sacase traslado de mis artículos. Lo he hecho ahora, por excepción, porque en este artículo hay sendas alusiones cariñosas para Gregorio y Menéndez Pidal, que quiero que conozcan, y se me ha ocurrido que quizá a ti te gustaría leerlo, aunque no se me oculta que no vale la pena, por rudimentario, escrito «cálamo currente», como de costumbre y por tanto frustrado, pues la obligada cortedad me ha compelido a cercenar y provocar aborto a sin número de ideas y observaciones, acaso más divertidas. Un fortísimo abrazo con mí amor.

Ramón

(Carta de Ramón Pérez de Ayala al escultor Sebastián Miranda. Publicada par el diario ABC, 8 de febrero de 1972).

Comentario

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Si has seguido atentamente la lectura, habrás observado que se trata de una carta. Pero también te habrás dado cuenta de que no es una carta normal, ordinaria, en la que nos limitamos a comunicar nuestro estado de salud, algún suceso que nos haya ocurrido y pocas cosas más, por lo general sin gran trascendencia. Es una carta literaria, de gran contenido, aunque vaya dirigida a un amigo.

La carta ha sido cultivada, como género literario, con gran profusión. sobre todo en épocas pasadas. Cicerón, Séneca, Santa Teresa de Jesús, Pascal, Cadalso, Valera, etc., utilizaron la carta como medio para comunicar su pensamiento, sus ideas o para el desarrollo de una novela.

La carta no exige contenido específico, como tampoco una forma especial, puede adoptar carácter descriptivo, filosófico, crítico, narrativo. Muchos grandes escritores cruzaron entre sí una correspondencia que es a la vez modelo de buen decir y fuente primerísima para la comprensión de sus ideas. Es el caso de Galdós y Emilia Pardo Bazán, o el que hemos seleccionado de Ramón Pérez de Ayala a Sebastián Miranda.

Lo primero que se observa en esta carta es la falta de formulismos. Es una carta dirigida a un amigo al que va a exponer una serie de reflexiones que podía haber hecho a todos los españoles. Observa cómo procede de modo gradual:

Los modelos de cartas pueden ser tan variados como diversas las relaciones que se establecen entre los hombres. El género epistolar no posee una temática específica ni un modo de escribir especial. Como notas peculiares del mismo cabría señalar las siguientes:

La carta no literaria

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Madrid, 14 de enero de 1936

Sr. D. Luis Araujo Costa

Mi querido amigo:

Recibida su carta, he de manifestarle mi agradecimiento por sus ofrecimientos.

Me he decidido a retirar mi obra «Marino Faliero» del Español. No he de ocultar a usted que ha contribuido a mi decisión el haber presenciado las representaciones de algunas obras maestras del teatro clásico, que si en vez de estar consagradas por los eximios nombres de sus autores, son obras estrenadas y de autor desconocido, hubieran sido sencillamente pateadas por el público. Tal era la interpretación que se les daba.

No me siento con los heroicos arrestos de Guzmán el Bueno para presenciar la degollación de un hijo, siquiera este no sea hijo material, sino tan solo espiritual.

El viernes, a las siete de la tarde, en mi casa, Mendizábal 36, voy a leer la obra a los amigos del Café Varela. Los tres Machado, Répide, y alguno más, van a ser mis víctimas. Si usted desea sumarse al número de ellas, yo tendría verdadero honor en recibirle en mí casa.

Queda de usted agradecido y afecmo. amigo q.e.s.m.

Ricardo Baroja

(Carta de Ricardo Baroja al crítico Luis Araujo Costa)

Comentario

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El hecho de que una carta no sea literaria, es decir, una obra de arte que persigue una finalidad estética, no quiere decir que tenga que ser seca y formularia o desaliñada.

A propósito hemos escogido como modelo una carta no literaria escrita por un escritor a otro escritor.

Hermano del insigne novelista Pío Baroja, Ricardo, pintor y literato que nunca se sintió profesional en ninguna de sus actividades, escribe una carta de contestación a Luis Araujo Costa, eminente crítico teatral de aquellos años.

A pesar de no tratarse, como ya hemos dicho, de una carta literaria, sino de una carta, en todo caso, sobre literatura, Ricardo cuida su prosa con esmero. Construye sus frases con gran dignidad y sobre todo con un estilo propio, el estilo que también muestra en sus obras literarias: con una cierta propensión a la grandilocuencia, muy propia, por cierto, de casi todo el teatro de la época.

En una carta no hay por qué renunciar a recursos propios de la expresión literaria: Ricardo Baroja compara el posible estreno de su obra con la entrega que Guzmán el Bueno hizo de su hijo (comparación).

Escribe a un crítico de teatro y le habla de teatro. De su obra Marino Faliero y de su retirada de cartelera. De una lectura en su casa, lectura a la que le invita y en la cual le comunica quiénes van a asistir: Los tres Machado, es decir, los poetas Manuel y Antonio y José, el pintor; y Répide, cronista oficial de Madrid por aquellos años.

En cuanto a la disposición de la carta, de esta como de cualquier otra ortodoxamente escrita, observemos que presenta las siguientes partes:

  1. Lugar y fecha. El lugar va separado por coma de la fecha, que debe escribirse sin acudir a abreviaciones extrañas.
  2. Destinatario. A veces se escribe también la dirección.
  3. Encabezamiento. Debe ser natural y a la vez cortés. Se debe huir de la afectación de encabezamientos como:

Mi muy querido y recordado amigo. Respetado y admirado profesor.

Hoy día la palabra querido, querida ha perdido en el género epistolar mucho de su antigua significación. Ricardo Baroja y Luis Araujo Costa nunca fueron amigos queridos, pero la cortesía impone tal encabezamiento.

Se debe huir igualmente en el encabezamiento de una familiaridad que pueda confundirse fácilmente con descortesía o falta de educación. Nunca se debe comenzar una carta con frases o modos como:

Hola ¿qué hay?

Luis, te escribo estas letras...

  1. Contenido de la carta. Debe adoptar una disposición correcta en la que no se mezclen las distintas ideas, creando confusión. La carta de Baroja adopta la siguiente disposición en su contenido: agradecimiento por un ofrecimiento, tema de la obra de Marino Faliero, razones de la retirada de la obra, invitación a una tertulia.

El contenido debe exponer las ideas con la mayor naturalidad, aunque sin renunciar al estilo personal. Debe huir de fórmulas manoseadas tales como:

Te diré que por aquí estamos todos bien gracias a Dios.

He recibido tu carta en la que me decías...

Te escribo sólo unas letras para decirte que...

Espero que al recibo de esta estés bien.

  1. Despedida. Así como en el contenido se debe huir de formulismos porque se trata de la parte más personal de una carta, en la despedida suele acudirse a formas hechas que, a pesar de constituir fórmulas, no deben nunca ser serviles ni ridículas.

Ricardo Baroja utiliza la fórmula: Queda de usted agradecido y afectísimo amigo que estrecha su mano.

Son inaceptables fórmulas como vale, hasta otra, adiós, propias del lenguaje coloquial. En la técnica de trabajo intelectual de esta unidad, al hablar del Mecanismo de la correspondencia, exponemos las formas de despedida más usuales.

La carta es una comunicación personal y por tanto, es siempre un poco, retrato del autor.

A MODO DE TEORÍA

MECANISMO DE LA CORRESPONDENCIA

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Una carta, como veíamos en el Comentario de la lectura, es una mezcla equilibrada de exposición personal y fórmulas. Como todo acto social -y la carta lo e~ está sujeta a ciertas reglas. Exponemos a continuación algunas.

  1. El sobre debe llevar la dirección claramente escrita, sin ocupar nunca la totalidad del espacio. Se escribe casi solamente en el cuarto inferior derecho del sobre. No debe olvidarse el remite.
  2. La presentación de la carta dice mucho de quien la escribe. Se debe dejar espacio por los cuatro costados, más por el superior y el izquierdo. Se debe escribir en papel sin rayar.
  3. Recuerda las partes de una carta: lugar y fecha, destinatario, encabezamiento, contenido y despedida.
  4. El encabezamiento va separado del contenido por dos puntos y en el centro de su línea.
  5. Despedidas frecuentes:

-Familiares o amistosas:

Muchos besos.

Un abrazo muy fuerte.

Un cariñoso saludo.

Siempre tuyo.

-De cortesía:

Queda de usted affmo. (afectísimo)

Le saluda atentamente su affmo. s.s.q.e.s.m. (su afectísimo seguro servidor que estrecha su mano)

Me reitero de Ud. s.s.

Aprovecho esta ocasión para testimoniarle mi consideración más distinguida.

Atentamente le saluda.

Sin más por el momento, le envía sus saludos.

Le saluda y e.s.m. (estrecha su mano)

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