Los textos científicos

Lenguaje de los textos científicos

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La ciencia no sólo consiste en el logro de resultados técnicos o conduce a mejoras y progresos industriales; supone también el desarrollo de planteamientos teóricos, la construcción mental de modelos explicativos. Para ello, debe disponer de un lenguaje preciso, riguroso, de fuerte estructuración lógica, capaz de exponer con claridad los contenidos conceptuales que hay que transmitir.

Universalidad, objetividad y rigor

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Los contenidos científicos se caracterizan por tres rasgos fundamentales:

Para dar respuesta a estas exigencias, el lenguaje científico presenta las siguientes características:

Rasgos del lenguaje científico

  • Tendencia a la monosemia, es decir, al empleo de términos con un único significado: primate, aminoácido.
  • Abundante uso de tecnicismos (préstamos, neologismos y cultismos) propios de cada disciplina científica: póngidos, homínidos, filogenética.
  • Predominio de adjetivos especificativos, que precisan el significado del sustantivo hasta el punto de designar entidades diferentes: fosa nasal, fosa abisal. Es habitual la presencia doble de adjetivos: monos antropomorfos actuales.
  • Uso del plural y del artículo de generalización: los hominoideos, el hombre.
  • Utilización de oraciones pasivas reflejas e impersonales, que ocultan el sujeto anunciador: Éstos se clasifican en dos familias; se habla sospechado.
  • Presencia de complementos circunstanciales y de proposiciones adverbiales y adjetivas que desarrollan y matizan las afirmaciones: teniendo en cuenta sus grandes semejanzas anatómicas; que componen con él el orden de los primates.
  • Empleo de formas verbales del modo indicativo, en especial en presente atemporal: viven, tienen.
  • Abundantes incisos, explicaciones aclaratorias y ejemplos: Por ejemplo, los 104 aminoácidos del citocromo.

En conjunto, el lenguaje científico se define por el predominio de la denotación y por la búsqueda de precisión.

Tipos de textos científicos

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Textos para expertos

La dificultad de los contenidos científicos exige, en general, que el receptor posea un alto nivel ole conocimientos lingüísticos y de la disciplina en cuestión. Por ello, la mayoría de los textos científicos se destinan a expertos en una determinada materia.

En este caso, es habitual la utilización de términos específicos, el empleo de códigos simbólicos secundarios (símbolos matemáticos, físicos, químicos, etcétera) y la ausencia de ejemplos, excepto en contenidos novedosos.

Textos formativos

Algunos textos científicos van dirigidos a quienes, sin ser expertos, tienen cierta formación en una materia o necesidad de iniciarse en ella.

En estos casos, se combina el empleo restringido del lenguaje (tecnicismos, símbolos) con aclaraciones, incisos y ejemplificaciones. El tono es divulgativo, pero predomina la exactitud conceptual y expresiva. Manuales, libros de texto y compilaciones constituyen ejemplos de este tipo de escritos.

Textos divulgativos

Además de los anteriores, existen textos cuya finalidad es la divulgación científica, es decir, poner al alcance de un público amplio e indeterminado unos conocimientos generales sobre un tema.

En este último caso, se prefiere un léxico común (apenas se emplean tecnicismos o se introducen con explicación), se realizan aclaraciones (mediante incisos, ejemplos y oposiciones) y se procura mantener el interés introduciendo anécdotas, narraciones, etcétera.

Literatura y ciencia

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El lenguaje literario parece opuesto al científico puesto que éste busca, ante todo, la precisión y la denotación, y aquél, la significación múltiple, la connotación. Sin embargo, la literatura se sirve del léxico propio de la ciencia corno reflejo de un campo específico de la realidad, como recurso caracterizador de personajes o como procedimiento expresivo:

Me llamo Albert DeSalvo y soy el estrangulador de Boston. […] Es más. Yo insisto en demostrarles que soy el estrangulador de Bastan, el auténtico, el más, el mejor estrangulador de Bastan y ellos se encierran en los círculos concéntricos de la cultura psiquiátrica suponiéndome un caso clínico, pero jamás un asesino. Y si soy un caso clínico, de cajón que sólo puedo ser un esquizofrénico. […] Pero ahí queda este rosario de connotaciones de la esquizofrenia: hipotonía de la conciencia (Berze); ataxia intratasíquica (Strartsky), un proceso irreversible que modifica la personalidad de base (Jaspers); una adaptación patológica de la personalidad al medio (Meyr).

Manuel Vázquez Montalbán

El estrangulador

Ciencia ficción

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La ciencia entra a formar parte de la literatura corno constituyente de un subgénero narrativo: la ciencia–ficción, denominado así por plantear historias centradas en logros imaginados de la ciencia y la técnica.

Las obras propias de este subgénero se desarrollan en un ambiente futurista, imaginado a partir de los avances y descubrimientos del presente, y sus personajes suelen ser, además de humanos, robots, alienígenas, androides, mutantes, etcétera.

Las narraciones de ciencia–ficción son relatos de aventuras y abordan asuntos relacionados con viajes espaciales o en el tiempo, el fin del mundo, grandes epidemias y catástrofes, etc. Estas obras no están exentas de cierta carga reflexiva; en ocasiones, ofrecen una visión crítica de una sociedad incapaz de utilizar adecuadamente los progresos de la ciencia y abocada, por ello, a su autodestrucción.

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